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13 – 19 enero - 1 Nefi 8–10 | Escuela Dominical




El sueño de Lehi, por Steven Lloyd Neal.





“[Vengan] y [coman]… de aquel fruto”
Antes de leer las ideas que se encuentran en esta reseña, lea 1 Nefi 8–10 y piense en cuanto a los desafíos y las oportunidades que tienen las personas a quienes enseña. Anote las impresiones que tenga sobre los principios que se encuentran en esos capítulos en los que podría centrarse durante la clase.

Anote sus impresiones




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Invitar a compartir

La visión de Lehi tiene muchas aplicaciones en nuestra época. Al principio de la clase, quizá desee invitar a los miembros de la clase a compartir las ideas que tuvieron al leer sobre la visión. Anímelos a compartir versículos específicos y el significado que hayan encontrado en ellos para su vida.
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Enseñar la doctrina

Cuando sentimos el amor de Dios, tenemos el deseo de que otras personas también lo sientan.

  • Es natural compartir las cosas que son importantes para nosotros con las personas por quienes sentimos amor, pero a veces se nos dificulta compartir el Evangelio. Un análisis sobre la visión de Lehi podría ayudar a los miembros de la clase a encontrar oportunidades para compartir el Evangelio. Podría darle a un miembro de la clase una fruta y pedirle que persuada al resto de la clase a comer esa de forma regular. ¿De qué manera se asemeja esta lección práctica con la experiencia que tuvo Lehi en 1 Nefi 8:10–16? ¿Qué aprendemos de la experiencia de Lehi que nos ayudará al compartir el Evangelio? Como parte del análisis, podría compartir el video “Cosas buenas para compartir” (ChurchofJesusChrist.org).
  • El élder David A. Bednar enseñó: “El fruto del árbol simboliza las bendiciones de la Expiación” (“El sueño de Lehi: Asidos constantemente a la barra”, Liahona, octubre de 2011, pág. 34). Considere comunicarse con algunos miembros de la clase por anticipado para pedirles que reflexionen en cuanto a 1 Nefi 8:11–16 y que piensen en preguntas como estas: ¿Cómo describiría la dulzura que la expiación de Jesucristo ha traído a mi vida? ¿De qué manera he invitado a otras personas a saborear esa dulzura? (véase el versículo 15). ¿De qué forma me han invitado otras personas a procurar las bendiciones de la expiación del Salvador? ¿Qué me siento inspirado(a) a hacer al leer 1 Nefi 8:11–16? Invite a los miembros de la clase a compartir sus respuestas durante la clase e invítelos a brindar sus pensamientos durante el análisis.


Minerva K. Teichert (1888–1976), La casa del mundo, 1954, óleo sobre tabla, 91 x 122 cm. Museo de Arte de la Universidad Brigham Young.

La palabra de Dios nos conduce al Salvador y nos ayuda a sentir Su amor.

  • Una manera de comenzar un análisis sobre la visión de Lehi consiste en invitar a unos cuantos miembros de la clase a que dibujen una representación de la visión en la pizarra, haciendo uso de 1 Nefi 8:19–38 como guía. Podría mostrar la imagen de la visión de Lehi que se encuentra en la reseña de esta semana de Ven, sígueme —Para uso individual y familiar. Podría invitar a cada miembro de la clase a encontrar versículos que den una interpretación de uno de los símbolos que se encuentren en el dibujo o la imagen. Dichas interpretaciones se encuentran en 1 Nefi 11:4–25, 35–3612:16–18; y 15:21–33, 36. A medida que los miembros de la clase compartan lo que hayan encontrado, invítelos a analizar lo que nos enseñan esos símbolos. Por ejemplo: ¿Qué nos enseña un grande y espacioso edificio sobre el orgullo? ¿Qué nos enseña una barra de hierro sobre la palabra de Dios? También podrían hablar sobre la forma en que la visión de Lehi les ha ayudado a venir a Cristo. ¿Cómo nos hemos visto a nosotros mismos en la visión?
  • Un mensaje que se destaca en la visión de Lehi es la importancia que tiene la palabra de Dios, simbolizada por la barra de hierro. Para ayudar a hacer hincapié en ese mensaje, podría dividir la clase en cuatro grupos y asignar a cada uno que aprenda en cuanto a los cuatro grupos de personas que Lehi vio, tal como se describe en “Recursos adicionales” y en 1 Nefi 8:21–23, 24–28, 30 y 31–33. Luego pida a los miembros de la clase que compartan los unos con los otros lo que aprendieron. También podría concederles unos minutos para que reflexionen en cuanto a lo que se sintieron inspirados a hacer para asegurarse de “[asirse] a la barra de hierro” (1 Nefi 8:30).

Dios nos revelará la verdad si la buscamos diligentemente.

  • Los vapores de tinieblas que oscurecen nuestra senda y las voces de burla que provienen del grande y espacioso edificio podrían hacer que se nos dificulte encontrar la verdad. Quizás les ayude leer juntos sobre el ejemplo de Nefi que buscaba la verdad. También podría comenzar el análisis pidiendo a los miembros de la clase que señalen algunos de los mensajes confusos que el mundo está difundiendo. Por ejemplo, ¿sobre qué ideas mundanas nos advirtieron los profetas y apóstoles en la conferencia general más reciente? Considere hacer una lista en la pizarra de los pasos que Nefi siguió para obtener su propio testimonio de la veracidad de la visión que tuvo su padre (véanse 1 Nefi 10:17–1911:1). ¿Cómo podemos seguir su ejemplo al procurar la verdad?
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Alentar el aprendizaje en el hogar

Para inspirar a los miembros a que lean 1 Nefi 11–15, invítelos a que averigüen lo que tienen que ver las imágenes siguientes con el sueño de Lehi: el niño Jesús, una cruz, la madre de las rameras, multitudes reunidas para la batalla y libros.
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Recursos adicionales

Videos del Libro de Mormón.

Considere mostrar un video que represente acontecimientos de estos capítulos (véase la recopilación de videos del Libro de Mormón en ChurchofJesusChrist.org o en la aplicación Biblioteca del Evangelio).

Cuatro grupos de personas en el sueño de Lehi.

Grupo 1.
“En 1 Nefi 8:21–23 aprendemos acerca del primer grupo de personas que avanzaron y comenzaron a recorrer el sendero que conducía al árbol de la vida. No obstante, al encontrarse con los vapores de tinieblas, que representan ‘las tentaciones del diablo’ (1 Nefi 12:17), perdieron el rumbo, se apartaron del camino y se extraviaron. Obsérvese que en esos versículos no se hace ninguna mención a la barra de hierro. Los que no hacen caso de la palabra de Dios o la tratan como cosa ligera, no tienen acceso a esa brújula divina que señala el camino hacia el Salvador”.
Grupo 2.
“En 1 Nefi 8:24–28 leemos acerca de un segundo grupo de personas que entró en el sendero estrecho y angosto que conducía al árbol de la vida. Los de este grupo ‘avanzaron a través del vapor de tinieblas, asidos a la barra de hierro, hasta que llegaron y participaron del fruto del árbol’ (versículo 24). Sin embargo, cuando las personas de ropa fina que ocupaban el edificio grande y espacioso se burlaron de este segundo grupo de personas, estos ‘se avergonzaron’ y ‘cayeron en senderos prohibidos y se perdieron’ (versículo 28)… Aun con fe, dedicación y la palabra de Dios, los de ese grupo al final se perdieron, tal vez porque leían o estudiaban o escudriñaban las Escrituras solo periódicamente”.
Grupo 3.
“En el versículo 30 leemos de un tercer grupo de personas que avanzaron ‘asidos constantemente a la barra de hierro, hasta que llegaron, y se postraron, y comieron del fruto del árbol’. La frase clave de este versículo es asidos constantemente a la barra de hierro. El tercer grupo también avanzó con fe y convicción; sin embargo, no hay ninguna indicación de que las personas se hayan apartado del camino, hayan caído en senderos prohibidos o se hayan perdido. Tal vez este tercer grupo leyó y estudió y escudriñó las Escrituras constantemente… Este es el grupo al que ustedes y yo debemos esforzarnos por pertenecer.
Grupo 4.
“El cuarto grupo no iba en busca del árbol; en cambio, deseaba que su destino final fuera el edificio grande y espacioso (véase 1 Nefi 8:31–33)”.
(David A. Bednar, ““El sueño de Lehi: Asidos constantemente a la barra”Liahona, octubre de 2011, págs. 34–36).
Cómo mejorar nuestra enseñanza
Exprese su confianza mediante expectativas altas. Algunos participantes no sienten confianza en su propia capacidad para estudiar el Evangelio por ellos mismos. Extienda la promesa a los miembros de la clase que si se esfuerzan por aprender por cuenta propia, el Espíritu Santo les enseñará. Podría sugerirles maneras que les ayudarán a comenzar (véase Enseñar a la manera del Salvador, págs. 29–30).

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