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30 marzo – 12 abril Pascua de Resurrección | Escuela Dominical


Cristo y los apóstoles, por Del Parson.
“Se levantará… con sanidad en sus alas”
El domingo de Pascua de Resurrección brinda una excelente oportunidad para que los miembros de la clase fortalezcan su testimonio de Jesucristo y Su resurrección, y para que fortalezcan el testimonio los unos con los otros. Tenga eso en mente conforme estudie las Escrituras en preparación para esta lección. Procure la guía espiritual sobre lo que tocará el corazón de las personas de la clase.
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Invitar a compartir

Los miembros de la clase podrían haber tenido experiencias significativas durante las últimas dos semanas al leer lo que el Libro de Mormón enseña sobre la resurrección y la expiación de Jesucristo. Concédales unos minutos para que encuentren un pasaje que les haya impresionado e invítelos a compartir lo que hayan encontrado.
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Enseñar la doctrina

La resurrección es la reunión permanente del cuerpo y el espíritu.

  • Las comparaciones pueden ser una manera eficaz de enseñar principios del Evangelio. Tal vez podría invitar a los miembros de la clase a que lean 2 Nefi 9:7–15 y Alma 11:41–45, y encuentren las palabras y frases que se encuentren en esos versículos que enseñen sobre la resurrección. ¿Con qué se compara la muerte? ¿Cómo se describe la resurrección? ¿Por qué necesitamos un cuerpo resucitado? (véase también D. y&C. 93:33–34). Los miembros de la clase podrían analizar cómo utilizar esas comparaciones para enseñar a alguien sobre la Resurrección. A medida que compartan sus ideas con la clase, podría analizar con ellos por qué consideran que tienen valor esas verdades sobre la Resurrección.
  • Considere invitarlos a compartir situaciones en las que hayan sentido agradecimiento por el conocimiento que tienen de la Resurrección. ¿Cómo podría tener influencia de manera más constante en nosotros ese conocimiento? Para ayudar a los miembros de la clase a contestar esa pregunta, podría invitarlos a que de forma individual escudriñen 2 Nefi 9:7–15Alma 11:41–45; o Alma 40:21–23, y hagan una lista en la pizarra de las verdades que encuentren sobre la Resurrección. Después, podría escribir en la pizarra las dos frases siguientes y pedir a los miembros de la clase que reflexionen durante algunos minutos antes de compartir cómo las completarían: Si yo supiera estas cosas… y Porque sé estas cosas….

Getsemaní, por Michael T. Malm

Jesús tomó sobre Sí nuestros pecados, dolores y debilidades.

  • El hecho de analizar el sufrimiento del Salvador en nuestro favor y de reflexionar al respecto puede invitar al Espíritu e inspirar sentimientos de amor y gratitud hacia el Salvador. A fin de alentar dicha reflexión y análisis, podría dibujar en la pizarra una tabla semejante a la sugerida en la reseña de esta semana de Ven, sígueme — Para uso individual y familiar e invitar a los miembros de la clase a que la llenen haciendo uso de Mosíah 3:5–715:5–9; y Alma 7:11–13, así como de sus propias vivencias. Como se lo indique el Espíritu, también podría invitarlos a compartir sus sentimientos sobre lo que Jesucristo ha hecho por ellos.
  • La música sagrada puede invitar al Espíritu y reforzar la doctrina que esté enseñando. Tal vez los miembros de la clase podrían repasar Mosíah 3:5–715:5–9; y Alma 7:11–13 para buscar y cantar himnos que ellos sientan que concuerden con los mensajes que se encuentran en esos versículos (también podría invitar a alguien para que cante o toque los himnos). El índice de Escrituras que se encuentra al final del himnario podría ayudarles, así como los otros himnos sugeridos en “Recursos adicionales”. Anime a los miembros de la clase a compartir frases de himnos y de las Escrituras que les ayuden a apreciar el sacrificio del Salvador de manera más profunda.

La expiación de Jesucristo nos limpia y nos ayuda a perfeccionarnos.

  • Una manera eficaz de aprender sobre el poder que el Salvador tiene para cambiar nuestra vida consiste en estudiar ejemplos de cómo Él cambio la vida de otras personas que se arrepintieron y vinieron a Él. El Libro de Mormón tiene muchos de esos ejemplos. Tal vez podría asignar a los miembros de la clase a que lean en cuanto a uno de esos ejemplos, tales como Enós (véase Enós 1:1–19), el pueblo del rey Benjamín (véase Mosíah 5:1–2), Alma, hijo, (véase Mosíah 27:8–28:4) o los anti-nefi-lehitas (véase Alma 24:7–19), o bien, podrían pensar en otros ejemplos de las Escrituras. Después, algunos de ellos podrían resumir las experiencias sobre las que leyeron. Quizá la clase podría disfrutar de hacerlo dando pistas que ayuden al resto de la clase a adivinar lo que estén describiendo. También podrían analizar preguntas como esta: ¿De qué manera cambiaron las personas de esos ejemplos? ¿Cuál es la función del Salvador en el cambio que experimentaron? Tal vez algunos miembros de la clase podrían hablar de la forma en que el Salvador haya efectuado “un potente cambio… en [sus] corazones” (Mosíah 5:2). Para aprender más en cuanto a cómo nos cambia el Salvador —y por qué es tan importante ese cambio— podría compartir con la clase la analogía dada por el presidente Dallin H. Oaks en “Recursos adicionales”.
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Alentar el aprendizaje en el hogar

Para inspirar a los miembros de la clase a leer Mosíah 1–3, podría invitarlos a que reflexionen en cuanto a alguna vez en la que hayan sentido el deseo de regocijarse después de leer o escuchar un mensaje del Evangelio. Invítelos a buscar verdades en las que puedan regocijarse conforme lean Mosíah 1–3.
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Recursos adicionales

Himnos sobre la expiación del Salvador.

Encontrará videos del Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo cantando estos himnos en ChurchofJesusChrist.org.

Analogía: Debemos ser más que limpios.

El presidente Dallin H. Oaks compartió una analogía para explicar cómo nos prepara el Señor para volver a la presencia de Dios:
“Tendemos a pensar que los resultados del arrepentimiento simplemente nos limpian del pecado, pero ese es un punto de vista incompleto. Una persona que peca es como un árbol que se dobla fácilmente movido por el viento. Un día ventoso y lluvioso el árbol se inclina tanto contra el suelo que las hojas se ensucian de barro, tal como ensucia el pecado. Si nos concentramos solamente en limpiar las hojas, la debilidad que permitió que el árbol se doblara y las ensuciara puede continuar en él; del mismo modo, una persona que solo siente pesar por haberse ensuciado con el pecado puede pecar de nuevo con el próximo viento fuerte. La susceptibilidad a la repetición continúa hasta que el árbol se haya fortalecido.
“Cuando una persona ha pasado por el proceso que da como resultado lo que las Escrituras llaman ‘un corazón quebrantado y un espíritu contrito’, el Salvador hace algo más que limpiarla del pecado: Él le otorga nueva fortaleza. Esa fuerza es esencial para que logremos el propósito de la purificación, que es regresar a nuestro Padre Celestial. Para ser admitidos en Su presencia, debemos ser más que limpios; también debemos cambiar de ser una persona moralmente débil que ha pecado a una fuerte que tenga la estatura espiritual para morar en la presencia de Dios” (véase “La Expiación y la fe”, Liahona, abril de 2008, págs. 12–13).
Cómo mejorar nuestra enseñanza
Vivamos dignos de la guía del Espíritu. Cuando vive el Evangelio, es digno de la compañía del Espíritu, que es el verdadero maestro. Al procurar Su guía, el Espíritu Santo le dará pensamientos e impresiones acerca de cómo atender las necesidades de las personas a las que enseña (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 5).

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